Esta es una pregunta que nos hacemos con frecuencia, más por
frustración (como el famoso ¿por qué a mí?) que por un desconocimiento real de
la respuesta.
La dietética tiene sus fundamentos y entresijos, como cualquier otra ciencia, y la ayuda que nos puede prestar un especialista a la hora de cambiar nuestros hábitos nutricionales es de vital importancia sobre todo para vigilar que el proceso se desarrolle sin dañar la salud ni comprometer nuestro cuerpo, pero en el fondo, cada uno de nosotros somos los que mejor sabemos qué es lo que nos hace
meter la pata nutricionalmente hablando. Puede, en este sentido, que si mañana
empezara un régimen con un señor doctor muy serio que me impone un montón, no
me atreviese a confesarle que muchas tardes me meriendo media bolsa de bollos,
pero uno mismo lo sabe y si estás en el punto de corregirlo, al menos cuentas
con la verdad de conocer tus propios fallos y esa es la única manera efectiva
de cambiar.
No obstante no todos los casos son sota, caballo y rey.
Realmente los “alimentos” que más nos engordan generalmente
no los ingerimos por hambre si no por gula. Detrás de la gula puede estar, por
ejemplo, el aburrimiento que te asalta la típica tarde de estudio en la que
acudes 15000 veces a la cocina. Pero no te comes una manzana o 100 gramos de
pavo. Comerás probablemente patatitas, galletas, chocolate… y el problema de
este tipo de productos es que tienen un valor nutricional muy pobre frente a un
valor calórico altísimo. Error. No porque el chocolate en sí sea malo, si no
porque es rara la persona capaz de comerse sólo una onza y ya está. Son
productos que te piden más y no alimentan en proporción a lo ingerido.
Otro ejemplo de error, y este es el mío concretamente, es
comer por ansiedad. Ante un estado depresivo o una situación que nos supera
emocionalmente, hay quien deja de comer y a quien le da por hacerlo de forma
compulsiva, escogiendo para “saciar” su frustración de nuevo alimentos pobres
nutricionalmente y ricos en grasas y azúcares simples (de rápida absorción). Otra
razón por la que se suelen escoger estos alimentos es por que alguna vez se nos
ocurrió meterlos en la categoría de “prohibidos” y eso hace que todavía nos
atraigan más.
Lo más preocupante de estos y otros comportamientos
nutricionales patológicos, es que crean una especie de dependencia porque
durante el tiempo en que estás comiendo te sientes extrañamente aliviado y
liberado, aunque pronto te asalte la gran culpabilidad. Así que hay que cortar
con esto de raíz.
Para ello el primer ejercicio que os propongo es que hagáis
un autoanálisis de vuestros hábitos alimentarios.
Esto, en el ámbito profesional, recibe la denominación de
“encuesta dietética”, y es el instrumento del que se sirve el nutricionista
para poder detectar los principales fallos del paciente.
Es importante que no sólo os centréis en lo que coméis, si
no en el cómo (si os véis reflejados en alguno de los comportamientos descritos
anteriormente), el número de ingestas que hacéis al día, si os saltáis alguna
comida, aquellos alimentos que más os gustan y los que odiáis, el momento del
día en que tenéis más apetito… en definitiva, cualquier cosa que se os ocurra y
que pueda tener aunque sea la más mínima influencia sobre lo que coméis.
Apuntadlo en un papel o los que queráis una atención más personal, podéis
escribírmelo a mi dirección: omayra_ag@hotmail.com.
Sería interesante que compartierais en el blog, aunque sea de manera anónima,
algunos de ellos, para poder empezar a pensar en soluciones y objetivos reales
ya que ese será nuestro siguiente paso.
Hasta pronto.
Yo me puedo comer media tableta de chocolate o mierdecitas solo por puro aburrimiento. ch
ResponderEliminar